ENCERRADO

El aire de la noche congelaba los sueños al otro lado del vidrio de la ventana.

Después de dejar que acarciasen su piel, que intentaran borrar sus muchas cicatrices o que los pensamientos ajenos quisieran dar sentido a su vida, sintió que el agotamiento lo invadía. Quiso descansar resguardándse del frío con una manta de palabras y con una frase como cojín.

Cuando abrió los ojos, todo estaba oscuro, casi no había oxígeno, sólo un fuerte olor a medera que impregnaba el lúgubre lugar. Fue entonces cuando el papel pensó que había muerto pero sólo se había quedado dormido en el cajón del escritorio.

® Elvira de los Angeles Bello

Notas